Por: Nataly Carrasco Vaca
La Iglesia es la comunidad de quienes creen y hacen carne el evangelio, incorporados por el bautismo al cuerpo de Cristo, se reúnen en la Eucaristía y expresan su fe mediante el testimonio, las obras y el servicio por y con amor a los demás. Este ha sido, y continúa siendo, el pilar fundamental del Centro de Promoción del Laicado ‘Ricardo Bacherer’ (CEPROLAI). Al celebrar sus 46 años de trayectoria, la institución reafirma su caminar en espíritu sinodal, afianzada en su compromiso con la Iglesia y consciente de su corresponsabilidad.
Este arduo caminar ha marcado la historia del laicado en Bolivia. Como maestra de vida, la historia nos revela el paso de entusiastas sacerdotes y laicos que trabajaron en comunión y fraternidad: figuras como Fernando Aguirre, Marta Urioste Aguirre, Teresa Rosazza, Jaime Virreyra, Enrique Ipiña y Esperanza Górriz. Con su compromiso, conocimiento y entrega, ellos trazaron la senda para la construcción del Reino de Dios en nuestra Iglesia y sociedad.
Esta cadena testimonial de evangelización que corre el riesgo de perderse en las arenas del tiempo nos permite recibir el mensaje de salvación y replicarlo dejando que los demás también puedan plasmar sus huellas en este caminar del laicado.
Durante la primera etapa, recuerda el Dr. Fernando Aguirre, CEPROLAI nació el 6 de abril de 1980 con el apoyo de la jerarquía paceña, en ese entonces, el Arzobispo, Mons. Jorge Manrique, y el Obispo Auxiliar, Mons. Julio Terrazas. Destacaron iniciativas como la continua formación de los laicos en el área de Teología y Biblia, la instauración de los Talleres de Análisis de la Realidad y el Programa de Inmersión y Diálogo, que permitieron bajar de la teoría a la realidad.
Por otra parte, la segunda etapa contempla, la nueva época de CEPROLAI que responde a las necesidades de una realidad que parte de los signos de los tiempos en la llamada “sociedad líquida” donde todo está desestabilizado y se ve una evidente pérdida de valores en una humanidad terriblemente polarizada.
Con 46 años de trayectoria, CEPROLAI se ha consolidado como un referente de servicio en Bolivia. Un hito reciente de su labor es su papel estratégico en el Sínodo Diocesano de La Paz iniciado en 2022. Desde 2022, la institución ha fortalecido su compromiso con la Iglesia paceña mediante el apoyo en la coordinación del Sínodo Diocesano. En este proceso, ha liderado la creación de materiales, el apoyo logístico y la sistematización de las etapas concluidas: el Año Introductorio, el Año de Formación y el Año de la Espiritualidad. Actualmente, se prepara para la fase final de las Grandes Asambleas, que sentarán las bases documentales para el caminar eclesial de la próxima década.
CEPROLAI muestra un gran compromiso con la implementación del Sínodo de la Sinodalidad en todas las instancias de la vida de la Iglesia. Consciente de que aplicar el Documento del Sínodo sobre la sinodalidad no es un “proyecto” opcional ni un mero cambio organizativo, sino una respuesta de conversión para que la Iglesia sea más fiel a su vocación y más eficaz en su misión. En concreto, el Documento final subraya que el llamado a la misión está unido a la conversión de cada Iglesia local y de toda la Iglesia, y propone caminos prácticos para pasar de “opinar sobre sinodalidad” a vivirla mediante procesos de discernimiento, decisión, transparencia y formación.
Este enfoque es el motor impulsor de las actividades de CEPROLAI en la “formación y promoción” del laicado, no solo en el ámbito teológico o de fe, sino también en el socio-político y de participación ciudadana. Así, cada persona y comunidad, guiada por principios y valores evangélicos, puede ejercer una ciudadanía activa y propositiva. Además, promueve la formación en el cuidado del medio ambiente nuestra única “casa común”, impulsando acciones concretas que contribuyan a su preservación.
A todos nosotros nos gustaría que la Iglesia fuese más joven, fuerte, vigorosa, audaz, imaginativa, primaveral y atractiva. Este fue el sueño de un gran teólogo y jesuita, el padre Víctor Codina, y ese sueño solo será posible si todos: mujeres y hombres, desde los distintos carismas y servicios dentro de la Iglesia, ejercen una escucha proactiva y asumen su corresponsabilidad en comunión, participación y misión.





